Una ambiciosa alianza público-privada busca revolucionar el sector arrocero panameño a través del programa «Panamá Crece en Arroz», que integra financiamiento, tecnología y asistencia técnica para duplicar la productividad actual del país.

La iniciativa, presentada este miércoles, reúne al Banco Nacional de Panamá, el Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego (Flar), Arrosísimo, Global Bank y otros actores clave del sector, con el objetivo de modernizar las prácticas agrícolas y hacer frente a los retos futuros del mercado.

El desafío de la productividad

Según datos presentados durante el foro, mientras países como Uruguay alcanzan rendimientos de 200 quintales por hectárea, Panamá apenas produce 100 quintales en la misma extensión. «El sistema de producción en Panamá es igualito al que mi abuelo utilizaba en Brasil hace cincuenta años», señaló Luciano Carmona, representante del Flar.

Javier Carrizo, gerente general del Banco Nacional de Panamá, destacó que la entidad mantiene una cartera de $700 millones en el sector agropecuario, de los cuales $109 millones corresponden específicamente al sector arrocero. «Este programa garantiza que los fondos se destinarán efectivamente a la compra de insumos, asistencia técnica y alquiler de maquinaria», explicó.

Tecnología y financiamiento

El programa introduce elementos innovadores como:

  • Uso de drones para fumigación precisa
  • Sistemas modernos de riego
  • Semillas certificadas de alto rendimiento
  • Asistencia técnica permanente
  • Tasas preferenciales de financiamiento

El reto de la desgravación arancelaria

La iniciativa cobra especial relevancia ante la inminente desgravación arancelaria que llegará en 2031. «No podemos mantener las mismas prácticas y pretender tener resultados diferentes», advirtió Carrizo, señalando que la eficiencia y la tecnificación son la única vía para mantener la competitividad del sector.

Potencial exportador

Joe Tom, director del Flar, destacó que América Latina tiene el potencial para convertirse en exportador de arroz. «Tenemos la tecnología, el conocimiento y el agua que no existe en otros países. China está importando no porque no pueda producir arroz, sino para ahorrar agua para sus ciudades e industrias», explicó.

Cambio de paradigma

El programa busca romper con prácticas ineficientes arraigadas en el sector. Por ejemplo, la preparación de tierras durante la época seca para aprovechar mejor la luminosidad natural de Panamá, y la aplicación más precisa de agroquímicos para reducir costos.

«La tecnología existe, el desafío es la implementación», enfatizó Tom, señalando que en pruebas piloto ya han logrado aumentar el rendimiento en 15% y reducir costos de producción en 20%.

Con esta iniciativa, Panamá da un paso significativo hacia la modernización de su sector arrocero, buscando asegurar no solo la soberanía alimentaria del país, sino también su potencial como futuro exportador regional.